No podemos hablar del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) sin entender qué es el virus de inmunodeficiencia humana (HIV).
El VIH se transmite de persona a persona de varias formas:
- A través del contacto sexual (anal, vaginal u oral) sin protección con una persona portadora del virus
- Por medio de una transfusión de sangre infectada con el virus
- Al compartir agujas, jeringas e instrumentos punzocortantes con rastros de sangre infectada por el VIH
- De la madre al hijo durante los últimos meses el embarazo, durante el parto o a través de la lactancia
El VIH ataca al sistema inmune destruyendo específicamente un tipo de leucocitos (glóbulos blancos): linfocitos T4 o CD4. Antes de la infección, este tipo de linfocitos tienen la tarea de reconocer a los agentes patógenos (que causan infecciones) y activar a los linfocitos B que generan anticuerpos pasa aniquilar dichos patógenos. El VIH, al destruir los linfocitos T4, incapacita los linfocitos B y de esta forma el sistema inmunológico se va debilitando hasta el punto en que una enfermedad no mortal puede llegar a serlo. Las enfermedades asociadas a la deficiencia del sistema inmunológico son conocidas como infecciones oportunistas.
¿Cuál es la diferencia entre el VIH y el SIDA?
El término SIDA se refiere a la etapa más avanzada causada por la infección del VIH. Según los Centros de Control de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) se le identifica como SIDA cuando el paciente tiene presente alguna de las más de 20 infecciones oportunistas o cánceres relacionados con el VIH.
El VIH y el SIDA, hasta el momento, no tienen cura, no hay vacuna en contra del virus. Sin embargo, existen medicinas que pueden retrasar la progresión de la enfermedad. Estos medicamentos han reducido el índice de mortalidad, principalmente en países desarrollados, ya que su costo es elevado.


